20 sept 2026

Hay algo profundamente inquietante en ver cómo el mar desaparece de repente.
La línea de agua retrocede, quedan al descubierto rocas y zonas de arena que normalmente permanecen bajo el Mediterráneo y, durante unos minutos, la costa parece haber cambiado de forma. Después, el agua regresa con rapidez y puede avanzar sobre playas, paseos marítimos e incluso calles cercanas.
Eso es precisamente lo que ocurrió en distintos puntos de la Costa Blanca a finales de agosto de 2026. Y aunque la imagen pueda recordar a las historias sobre tsunamis, en estos episodios concretos no fue un terremoto submarino el que provocó el movimiento del mar.
Fue otro fenómeno, mucho menos conocido: un meteotsunami.
Cuando el mar cambia de lugar en cuestión de minutos
El 24 de agosto de 2026 se produjeron oscilaciones bruscas del nivel del mar en varios puntos del litoral valenciano. Santa Pola, Xàbia, Dénia y Gandia estuvieron entre las localidades donde el fenómeno fue especialmente visible.
En Santa Pola, el mar llegó a retirarse dejando al descubierto zonas que normalmente están cubiertas por el agua. Poco después regresó con fuerza hacia la costa, alcanzando zonas próximas a la avenida Blasco Ibáñez y obligando incluso a cortar temporalmente el tráfico en algunos puntos.
En Gandia, los registros de los mareógrafos de Puertos del Estado mostraron una variación extraordinariamente rápida: unos 33,6 centímetros por encima del nivel de referencia y, apenas seis minutos después, 37,1 centímetros por debajo. Es decir, una oscilación de alrededor de 70 centímetros en muy poco tiempo.

El fenómeno también se observó en Torrevieja y Orihuela Costa, donde se registraron oscilaciones de aproximadamente 30–40 centímetros, especialmente visibles en la zona de Playa de los Locos.
La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) explicó que no se trataba de un tsunami provocado por un terremoto, sino de un fenómeno relacionado con ondas gravitatorias atmosféricas, cambios de presión y la respuesta de la propia masa de agua.
Y lo más interesante es que no era la primera vez que ocurría algo parecido en esta costa.
La Costa Blanca ya ha vivido episodios similares
En julio de 2017 se registraron movimientos bruscos del nivel del mar en varios puntos del litoral alicantino: Torrevieja, Santa Pola, El Campello y la Marina de Elche, entre otros.
En Torrevieja, en Playa de los Locos, se observaron oscilaciones de unos 30–40 centímetros durante aproximadamente una hora y media.
Cuatro años después, en agosto de 2021, Santa Pola volvió a experimentar un episodio mucho más llamativo. El nivel del mar cambió bruscamente en la zona del puerto, afectando a embarcaciones amarradas, playas y paseos marítimos. El agua llegó a entrar en algunas calles.
AEMET clasificó oficialmente aquel episodio como rissaga o meteotsunami.
Y a finales de agosto de 2026 volvió a suceder.
El 28 de agosto, además, Torrevieja y Guardamar del Segura llegaron a activar la bandera roja y prohibir el baño ante el riesgo asociado a nuevas oscilaciones rápidas del nivel del mar y a las corrientes que pueden producirse durante estos episodios.
En algunas zonas de Orihuela Costa y Campoamor, los testigos describieron cómo el mar se retiró varios metros antes de regresar con fuerza.
No había habido ningún gran terremoto submarino.
Entonces, ¿qué es exactamente un meteotsunami?

La palabra puede resultar engañosa. Un meteotsunami no nace en el fondo del mar, sino en la atmósfera.
Determinadas situaciones meteorológicas pueden producir cambios rápidos de presión atmosférica y ondas de presión que se desplazan sobre el Mediterráneo. Cuando esas perturbaciones coinciden con determinadas condiciones del mar y de la costa, pueden generar una oscilación considerable del nivel del agua.
El efecto se parece al de un tsunami: el mar puede retirarse rápidamente y después regresar hacia la costa.
La diferencia fundamental está en el origen.
Un tsunami clásico suele comenzar con un terremoto submarino que desplaza verticalmente una gran cantidad de agua. También puede ser provocado por un deslizamiento submarino, una erupción volcánica u otros movimientos importantes del fondo marino.
En cambio, en un meteotsunami la energía procede de la atmósfera.
En el Mediterráneo, además, las condiciones pueden favorecer que estas pequeñas perturbaciones se amplifiquen. La forma de determinadas bahías, puertos y plataformas costeras puede actuar como una especie de resonador, aumentando el movimiento del agua.
Por eso un cambio atmosférico que en principio parece pequeño puede terminar produciendo una oscilación muy visible en la costa.
Pero los tsunamis reales también son posibles en el Mediterráneo
Que los episodios recientes de la Costa Blanca hayan sido meteotsunamis no significa que un tsunami provocado por un terremoto sea imposible en el Mediterráneo.
España tiene una historia sísmica y tsunamigénica mucho más importante de lo que suele imaginarse.
El ejemplo más cercano en el tiempo es el 21 de mayo de 2003, cuando un terremoto de magnitud aproximada 6,8 frente a las costas de Argelia generó un tsunami que atravesó el Mediterráneo occidental.

El fenómeno fue registrado por mareógrafos en distintos puntos de España y otros países mediterráneos. En territorio español se registraron alturas máximas próximas a 2 metros, y el movimiento del mar fue especialmente significativo en las Baleares, aunque la señal del tsunami fue detectada en numerosos puntos del Mediterráneo occidental.
Fue, según el Instituto Geográfico Nacional, el último tsunami que afectó a España.
España tiene incluso escenarios específicos para esta costa

El Plan Estatal de Protección Civil ante el Riesgo de Maremotos identifica diferentes zonas y fallas capaces de generar movimientos importantes del mar.
Entre ellas aparecen estructuras relacionadas con el sureste de la península, como las fallas de Crevillente, Santa Pola y La Marina.
Los estudios utilizados para la planificación de emergencias contemplan escenarios en los que determinadas zonas de la costa podrían experimentar elevaciones del nivel del mar superiores a un metro. En algunos escenarios para la costa norte de Murcia, por ejemplo, se han calculado aumentos de alrededor de 2 metros asociados a una posible ruptura en la falla de La Marina, con tiempos de llegada del orden de media hora.
Eso no significa que vaya a producirse un tsunami ni constituye una predicción.
Son escenarios de planificación utilizados para estudiar cómo responder ante una emergencia hipotética.
España dispone desde 2015 de un Sistema Nacional de Alerta de Maremotos, coordinado por el Instituto Geográfico Nacional. La red sísmica y los mareógrafos permiten detectar terremotos potencialmente peligrosos y vigilar en tiempo real las variaciones del nivel del mar.
¿Por qué el mar se retira antes de una ola?
Esta es quizá la imagen más conocida de un tsunami y, al mismo tiempo, una de las más peligrosas.

Cuando un tsunami llega a una costa, la primera onda no siempre es una subida del nivel del mar. Dependiendo de cómo se produzca el desplazamiento del fondo marino y de la dirección en la que se propague la onda, el agua puede retirarse primero.
El problema es que esa retirada puede resultar fascinante.
La playa parece crecer de repente. Aparecen rocas, arena, objetos y zonas del fondo marino que normalmente no se ven. Es fácil acercarse para mirar o incluso grabar imágenes.
Pero hacerlo puede ser extremadamente peligroso.
El agua que vuelve puede hacerlo con mucha velocidad y arrastrar personas, vehículos y objetos. Además, después de la primera ola pueden llegar otras, y no necesariamente será la primera la más grande.
Por eso el Instituto Geográfico Nacional recomienda que, si una persona se encuentra en la costa y observa una retirada o subida anormal y repentina del mar, se aleje inmediatamente de la orilla y se dirija hacia una zona elevada o tierra adentro, especialmente si previamente ha sentido un terremoto.
Un Mediterráneo que no siempre se comporta como esperamos
Quizá lo más interesante de estos episodios no sea pensar en una gran ola llegando a la Costa Blanca, sino comprender hasta qué punto el Mediterráneo puede cambiar de comportamiento en cuestión de minutos.
Estamos acostumbrados a pensar en el mar como una presencia constante: sube y baja lentamente con las mareas, responde al viento y a las tormentas y vuelve cada día a ocupar prácticamente el mismo lugar.
Pero bajo esa apariencia tranquila existe un sistema extremadamente sensible a la atmósfera, a la forma de la costa, a la presión, al viento, a los movimientos sísmicos y a la propia configuración del fondo marino.
Los episodios de 2017, 2021 y 2026 lo han demostrado en lugares tan familiares como Torrevieja, Santa Pola, Xàbia o Guardamar.
A veces el mar no necesita un terremoto para sorprendernos.
Puede bastar una perturbación atmosférica, una determinada configuración de la costa y unos pocos minutos.
Y cuando el Mediterráneo decide retirarse de repente, lo más importante no es acercarse para ver hasta dónde ha llegado.
Es entender que, en ese momento, el mar está avisando de que algo ha cambiado.


