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🌴 El clima de la Costa Blanca: ¿remedio natural o desafío para el organismo?

25 feb 2026

La Costa Blanca suele presentarse como un paraíso climático. Más de 300 días de sol al año, inviernos suaves, mar templado y ausencia de nieve o cielos grises interminables. Pero si se observa este litoral no con la mirada del turista, sino con la de quien vive aquí todo el año, la realidad resulta más compleja — y mucho más interesante.


El clima de la Costa Blanca puede ser un aliado de la salud. Pero también puede convertirse en una carga considerable para el organismo, especialmente en verano e invierno. Todo depende de la estación y de cuánto comprendamos el entorno en el que vivimos.


El sol: un recurso abundante… quizá demasiado

Torrevieja y el sur de la provincia de Alicante disfrutan de más de 300 días soleados al año, una de las cifras más altas de España. En verano, la duración del día alcanza las 14 horas, con entre 10 y 13 horas de radiación solar intensa.


Desde el punto de vista fisiológico, esto es un factor poderoso: la luz solar regula los ritmos circadianos, influye en la producción de serotonina, mejora el estado de ánimo y estimula la síntesis de vitamina D. No es casual que muchos residentes procedentes del norte de Europa experimenten un notable aumento de energía durante sus primeros meses aquí.


Pero existe otra cara de esta realidad.

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En julio y agosto, la temperatura máxima media diurna en Torrevieja se sitúa en torno a los 29–30 °C. Por la noche, rara vez baja de los 23 °C. Con una humedad relativa del 66–70 %, la sensación térmica supera fácilmente los 35 °C y, durante las olas de calor, puede acercarse a los 40 °C.

Esto ya no es simplemente “calor agradable”: es carga térmica.


Entre las 11:00 y las 16:00, el índice ultravioleta en verano suele alcanzar valores de 7–9, considerados altos o muy altos. En esas horas, la exposición directa al sol incrementa el riesgo de golpe de calor, deshidratación y quemaduras solares. Para niños, personas mayores, hipertensos y pacientes con enfermedades cardiovasculares, esta carga térmica es objetivamente peligrosa.


El verano en la Costa Blanca exige disciplina: paseos antes de las 10:30–11:00 de la mañana o después de las 18:00, hidratación constante y protección adecuada para la piel y la cabeza. De lo contrario, el “sol terapéutico” puede transformarse en un factor de riesgo.


La humedad: ni trópico ni clima seco

La humedad relativa media en el litoral se mantiene entre el 65 y el 70 % prácticamente todo el año. En primavera ronda el 65–66 %, en verano puede alcanzar el 70 %, y en otoño e invierno permanece en valores similares.

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Sobre el papel, son cifras moderadas. Pero la combinación de alta humedad y temperaturas superiores a los 30 °C intensifica el estrés térmico. El cuerpo se enfría con mayor dificultad, el sudor se evapora más lentamente y el sistema cardiovascular trabaja con mayor esfuerzo.


En invierno ocurre lo contrario: una humedad elevada con temperaturas de 12–17 °C durante el día y 6–9 °C por la noche genera una sensación de frío húmedo, especialmente en viviendas sin calefacción central. Y este tipo de vivienda no es raro en la zona. En el interior de muchas casas, la temperatura invernal se sitúa entre 15 y 18 °C, lo que puede resultar poco confortable para personas mayores o con patologías articulares y cardiovasculares.

Así, la humedad en la Costa Blanca no es un elemento neutro: amplifica tanto el calor estival como el frescor invernal.


Primavera y otoño: el equilibrio climático

La mayoría de los residentes permanentes coinciden en que la primavera y el otoño son las mejores estaciones del año en la Costa Blanca — y los datos lo respaldan.


En primavera, de marzo a mayo, las temperaturas medias diurnas oscilan entre los 18 y 23 °C. En otoño, especialmente en septiembre y octubre, se sitúan entre los 20 y 24 °C, descendiendo gradualmente conforme avanza la estación. La humedad se mantiene moderada, sin la sensación de bochorno del verano.

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Durante estos meses, el organismo funciona en un rango cómodo: no hay sobrecarga térmica ni estrés por frío, la radiación solar sigue siendo abundante pero menos agresiva que en pleno verano. Se camina más, se duerme mejor y aumenta la actividad física. Para personas con hipertensión o problemas articulares, este periodo suele resultar especialmente favorable.

La primavera y el otoño representan ese “clima mediterráneo ideal” del que hablan los folletos turísticos. Simplemente, no dura doce meses al año.


Verano: presión sobre el corazón y el sistema vascular

En los últimos cinco años, el sureste de España ha experimentado varios episodios de calor extremo. Aunque las medias estivales se sitúan alrededor de los 30 °C, en determinados días las temperaturas superan ampliamente ese valor, especialmente con viento débil y humedad elevada.


Las noches con temperaturas de 23–25 °C impiden que el organismo se enfríe adecuadamente. Esto aumenta la fatiga, altera la calidad del sueño y eleva la carga sobre el sistema cardiovascular.


El estrés térmico no es un concepto abstracto: durante las olas de calor en España se registra un aumento real de consultas médicas y complicaciones, especialmente en personas mayores de 65 años.

Por ello, el verano en la Costa Blanca no es simplemente “temporada de playa”, sino un periodo que requiere autocontrol y adaptación.


Alergias y polvo del Sahara: factores invisibles

La primavera trae consigo la temporada de polinización activa. El polen de gramíneas y árboles provoca exacerbaciones de rinitis alérgica y asma. A ello se suman los episodios de calima, cuando el polvo procedente del Sahara alcanza la costa levantina.

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Durante estos episodios, aumenta la concentración de partículas finas en el aire. Las personas con enfermedades respiratorias crónicas pueden experimentar agravamiento de sus síntomas. Incluso individuos sanos pueden notar sequedad de mucosas, irritación ocular y mayor cansancio.

Son fenómenos temporales, pero relevantes para los grupos sensibles.


Invierno: suave en la calle, fresco en casa

El invierno en Torrevieja suele considerarse “templado” en comparación con el norte de Europa. Y efectivamente, las temperaturas diurnas de 12–17 °C son agradables.


Sin embargo, las mínimas nocturnas de 6–9 °C y la ausencia de calefacción central en parte del parque residencial cambian la percepción. En el interior de las viviendas puede sentirse frío y humedad. Esto influye en las articulaciones, incrementa la sensación de fatiga y puede favorecer infecciones respiratorias leves.

El invierno aquí no es severo, pero sí requiere atención al confort térmico dentro del hogar.


Entonces, ¿es saludable el clima de la Costa Blanca?

Sí, si hablamos de primavera y otoño, de exposición solar moderada y de la posibilidad de mantener un estilo de vida activo gran parte del año.

Y no, si se ignoran las altas temperaturas del verano, la humedad, el índice ultravioleta elevado, el polvo sahariano y las particularidades del microclima invernal en las viviendas.


La Costa Blanca no es una medicina universal ni una prueba constante. Es un clima con estaciones bien definidas. Ofrece un recurso poderoso al organismo, pero exige conocimiento y adaptación.

En última instancia, la salud en el litoral no depende solo del número de días soleados, sino de la capacidad de vivir al ritmo de ese sol.

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